Hola, ¿se me permite un poco de publicidad (no) encubierta?
Bien, bueno, veréis…
Vivo la sangre de las anfetas, MDMA, sabes. Cuando no había más que ácido en las calles, y era el único amigo.
Cuando las mentes rebeldes se metían en la lucha, dentro y hacia arriba.
Cuando la idea del mundo cambio, tanto que no fuimos más que soldados, impersonales, sucios.
Cuando el bajo empezó a arder, a quemarse, y hablaba francés, inglés y había más cultura en la aguja del pinchadiscos que en los periódicos.
Vivo la noche, despierto, en mi cama.
Vivo los surcos de un disco, que sigue, sigue, sigue. Nunca acaba.
Escupo saliva, no hay nada que hacer.
Ya no son esos años. Entonces, un tipo salía de casa y gritaba:
“Mirad, tíos, he hecho esto.”
A día de hoy, la cultura ha muerto. Yo soy rebelde sin causa, sin efecto.
Yo soy rebelde de estos beat, que laten, laten, laten.
Como mi corazón acelerado, al borde del desmayo, por la adrenalina, y esas gotas que corren por mi cuerpo.

Esto no es Woodstock, nena. Muévete, que para eso se hace de noche.
Lil’ Monk, sigue bailando, por favor. Todavía es pronto.